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Un libro Una hora, dirigido por Antonio Martínez Asensio. Bienvenidos una semana más a un libro. Una hora. Hoy vamos a contarles. Desayuno en Tiffany's de Truman Capote. Truman Capote nació en 1924 y murió en 1984. Es uno de los mejores escritores norteamericanos del siglo XX. Inteligente, transgresor, profundo y retrató como nadie la sociedad norteamericana de su tiempo. Es el autor de la Monumental. A sangre fría que inaugura la novela periodística y que todo el mundo debería leer, pero también de la extraordinaria.

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Otras voces, otros ámbitos de plegarias atendidas o de esos relatos maravillosos que componen música para camaleones, desayuno, antífonas. Es una novela corta y sencilla, publicada en 1958, que ha quedado en el imaginario popular. Es más ácida y más dura que su versión cinematográfica. Disfrútenla. Vamos allá. Siempre me siento. Los lugares en donde he vivido por las casas y los barrios, por ejemplo, hay un edificio de roja piedra arenisca en la zona de las 70 este, donde durante los primeros años de la guerra tuve mi primer apartamento neoyorquino.

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Tiene una habitación atestada de muebles de trastero, donde están sus libros y sus botes llenos de lápices por afilar.

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Todo lo que necesita para convertirse en escritor cuando lleva una semana viviendo allí, se fija en la curiosa tarjeta colocada en el buzón del apartamento 2.

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Las letras impresas, tan elegantes como si fuese una tarjeta de Cartier, dicen Miss Holiday Golightly y debajo, en una esquina, viajen. Una noche, bastante más tarde de las 12, le despierta la voz de Mister Junior, así que grita desde el último piso o por el hueco de la escalera quejándose de Miss Golightly y desde el fondo de la escalera suena una voz juvenil y guasona pidiéndole perdón porque ha perdido la llave. Mister Junior se le pide que no llame a su timbre y que se haga otra llave porque tiene que dormir.

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Ella seguía subiendo la escalera, llegó a su piso y la luz del rellano iluminó la mezcolanza de colores de su pelo cortado a lo chico con franjas leeo nadas, mechas de rubio albino y rubio amarillo. Era una noche calurosa, casi de verano y Joly llevaba un fresco vestido negro, sandalias negras, collar de perlas. Pese a su distinguida delgadez, tenía un aspecto casi tan saludable como un anuncio de cereales para el desayuno, una pulcritud de jabón al limón, una pueblerina intensificación del rosa en las mejillas.

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Tenía la boca grande, la nariz respingona, unas gafas oscuras le ocultaban los ojos. Era una cara que ya había dejado atrás la infancia, pero que aún no era de mujer. Pensé que podía tener entre 16 y 30 años. Resultó finalmente, que le faltaban dos tímidos meses para cumplir los diecinueve. Le acompaña un hombre que le rodea la cadera de forma estéticamente indecorosa. Ella se pone a revolver el bolso en busca de la llave y cuando la encuentra le da las gracias y le dice que ha sido muy amable acompañándola y le cierra la puerta en las narices.

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El hombre da unos golpes suaves a la puerta y luego otros más fuertes, y al final descarga un puñetazo contra la pared y se va escaleras abajo. Justo cuando llega a la planta baja, se abre la puerta del apartamento de la chica que asoma la cabeza y le dice que la próxima vez que una chica le pida suelto para ir al tocador, no le dé veinte centavos. Joly cumplió lo que le había prometido a míster Iunio. Sí o no?

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Volvió a llamar a su timbre, supongo, porque durante los días siguientes comenzó a llamar al mío. A veces a las dos o a las tres y a las cuatro de la madrugada. No tenía escrúpulos por lo que respecta a la hora en que pudiera sacarme de la cama para que pulsar el botón que abría el portal de la calle. Como ninguno de mis amigos era de los que se te presentan en casa a esas horas. Siempre sabía que era ella, pero las primeras veces que llamó todavía me dirigía a la puerta, medio convencido de que había malas noticias, algún telegrama para mí, pero siempre era Miss Golightly que gritaba desde abajo.

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Lo siento, chico, me he olvidado la llave.

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Al publicar Desayuno en Tiffany's en 1958, Capote ya había alcanzado fama y fortuna. Se codeaba con la alta sociedad de Manhattan y se había construido una imagen de genio rebelde. Soy borracho, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio. Pero, como señala Gerardo Moncada, esta obra le consolidó como un narrador solvente, poseedor de una prosa cálida aunque vertiginosa, eficaz, creador de atmósferas y de personajes con densidad psicológica, a pesar de ser aparentemente frívolos o convencionales.

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Capote fue considerado uno de los principales escritores de la escuela neo romántica del sur de los Estados Unidos. Con desayuno en Tiffany's, Capote abandonó el cuento sureño para crear una encantadora novela dulce Norman Mailer. A pesar de sus disputas con Capote, llegó a decir que Desayuno en Tiffany's era un pequeño clásico.

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Se cruzan con frecuencia en la escalera o en la calle. Sin embargo, ella hace como si no le diese nunca. Se quita las gafas de sol. Va siempre muy bien vestida, aunque es su persona la que brilla y a veces la de lejos del barrio, cenando o rodeada de cuatro hombres en un restaurante de postín o rodeada de oficiales del ejército australiano entonando el Watching Matilda y haciendo turnos para bailar Godella.

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Sus lecturas normales son la prensa popular, los folletos de viajes y las cartas astrales. Fuma unos pitillos esotéricos de la marca bikeinn, sobrevive a base de requesón y tostaditas y recibe montones de cartas del frente. Además, tiene un gato y toca la guitarra. Pero nuestra relación personal no empezó hasta septiembre, una noche atravesada por los primeros y fríos estremecimientos del otoño.

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Yo había ido al cine, he regresado a casa y estaba acostado con un bourbon y el último Simenon, lo cual constituía hasta tal punto mi ideal de comodidad que no conseguí entender cierta sensación de inquietud que fue creciendo poco a poco. Tanto que llegué a oír mis propios latidos. Era una sensación acerca de la cual había leído y está escrito, pero que jamás había experimentado la sensación de estar siendo vigilado de una presencia invisible. Luego un repentino golpeteo en la ventana.

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El vislumbre de un gris fantasmal. Derramé el bourbon. Transcurrieron unos momentos antes de que tuviera arrestos para abrir la ventana y preguntarle a mis Golightly qué quería. Mis Golightly le cuenta mientras salta de la escalera de incendios al interior de la habitación que tiene en su casa. Un hombre horripilante, borracho y que le da mordiscos.

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Se abre un poco el albornoz gris para mostrar las pruebas.

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No lleva más que el albornoz y le dice que siente haberle pegado un susto, pero que hace mucho frío afuera y que le ha recordado a su hermano Fred, el único que la dejaba abrazarle cuando dormían cuatro en la misma cama.

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Y de hecho, empezó a llamarle Fred. inspeccionà el resto de la habitación y le pregunta cómo lo soporta, que parece la cámara de los horrores, le dice. Y él contesta que uno se acostumbra a todo. Joly dice que ella jamás se acostumbrará a nada. Que acostumbrarse es como estar muerto.

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Él le cuenta que escribe y ella le pregunta si hay alguien que compra lo que escribe y se ofrece a ayudarle, porque conoce a mucha gente que conoce a otra gente. Te ayudaré porque eres como mi hermano Fred. Un poco más bajo. Solamente no he vuelto a verle desde que tenía 14 años, que es cuando me fui de casa y entonces ya medía más de metro ochenta.

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Mis otros hermanos eran más de tu talla en años. Fue la mantequilla de cacahuete lo que hizo que Fred creciera tanto. Todo el mundo pensaba que era una chifladura eso de atiborrarse de mantequilla de cacahuete.

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Las únicas cosas que le gustaban eran los caballos y la mantequilla de cacahuete.

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Pero no estaba chiflado, solo que era tierno y despistado y muy lento.

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Cuando me fui estaba repitiendo octavo por tercera vez.

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Pobre Fred. Me gustaría saber si el ejército escatima la mantequilla de cacahuete. Entonces ella le pide que le dé algo de comer, le prepare un trago y le lea algo que haya escrito.

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Él le lee con voz temblorosa un cuento que acaba de terminar, que trata de dos mujeres maestras que comparten una casa y una de ellas, cuando la otra se promete en matrimonio, provoca por medio de notas anónimas, un escándalo que acaba impidiendo que se celebre la boda. Joly, en realidad no le hace ni caso. Parece que esté pensando en comprarse unos zapatos mientras él.

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Y luego dice que le aburren los cuentos de tortilleras y del tirón.

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Le pregunta si conoce a alguna lesbiana que sea buena chica para compartir el piso con ella, porque son unas amas de casa fantásticas y ella es muy desorganizado. No le importa que los demás piensen que es un poco tortillera porque lo es de alguna forma.

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Todo el mundo lo es un poco. Y entonces dice que son las cuatro y media y es jueves. Verás, los jueves tengo que tomar el de las 8 45, son quisquillosos, hicimos con lo de las horas de visita y si te plantas allí alrededor de las 10 te queda solo una hora hasta que mandan a comer a esos pobres.

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Imaginatelo, comen a las 11. También puedes ir a las 2 y yo lo preferiría, pero a él le gusta que vaya por la mañana, dice aquí así aguanta mejor el resto del día.

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Tendré que mantenerme despierta. Dijo pellizcando las mejillas hasta hacer que ofreciesen las rosas.

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No tengo tiempo de dormir. Se me pondría cara de tuberculosa. Me desmoronaría como un edificio viejo y no sería justo.

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No está bien que una chica ballas en Sain con la cara verde. Y entonces le cuenta que se ve en la cárcel con Salì Tomato, un mafioso que es un viejecito encantador, muy religioso, que parecería un fraile si no tuviera los dientes de oro.

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El abogado de Salih le paga 100 dólares a la semana.

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Joly por ir a visitarle y que él le dé la información meteorológica que ella le transmite a su abogado. Cosas como hay un huracán en Cuba o nieva en Palermo.

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Cuando empieza a colarse en la habitación, la luz del amanecer sale. Se tumba a su lado para descansar un momento.

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Él finge dormir.

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Ella apoya la mano en su brazo y parece que le habla diciendo Pobre Fred! Dónde estás? Hace frío, pero no es así.

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Entonces él le pregunta que por qué llora y ella se endereza disparada como un muelle y se dirige hacia la ventana para salir a la escalera de incendios, diciendo que si hay una cosa que detesta en el mundo son los fisgones capotes.

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El personaje Jolly es un Truman que en su rebeldía, en su necesidad de lograr un ascenso vertiginoso, parece no importarle. Los medios son dos seres maquiavélicos. Ambos desfilan hermosos por la pasarela de la vida y ausculta en el rumor de los que lo rodean. Truman Capote decía en Plegarias atendidas Que una cosa sea verdad no significa que sea convincente ni en la vida ni en el arte. Esta frase icónica se ajusta en toda su dimensión a Holly, personaje protagonista de Desayuno en Tiffany's y alter ego femenino del escritor.

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Al día siguiente, viernes, me encontré al llegar a casa con que me esperaba en la puerta una enorme cesta de luz tan chalán Company con su tarjeta Miss Holliday Golightly viajera y detràs garabateadas con una letra monstruosamente torpe de niña de jardín de infancia.

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Bendito seas, querido Fred. Olvídate, por favor, de la otra noche. Te portaste como un ángel. Mil tendriais Jolly.

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No volveré a molestarte contesté. Hazlo, por favor. Y dejé esta nota en su puerta con lo máximo que podía permitirme un ramo de violetas de florista callejera. Pero Joly parecía haber hablado en serio. No volví a verla ni a oír nada de ella y supuse que había llegado al extremo de conseguir una llave del portal. Fuera como fuese, dejó de llamar a mi timbre, pero él la echa de menos y según pasan los días, empieza a sentir por ella cierto desproporcionado resentimiento, como si su mejor amigo se hubiese olvidado de él.

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Una inquietante soledad se filtra en su vida hasta que una semana después recibe una invitación para ir a su apartamento. Al día siguiente, a las seis, le abre un tipo raro que parece un elfo y le dice que la niña está en la ducha. La habitación parece como si alguien acabara de mudarse. No hay donde sentarse y los únicos muebles son unas maletas y unas cajas de embalaje sin abrir que sirven de mesa.

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Una de ellas sostiene los ingredientes para preparar martinis. Otra, una lámpara, un tocadiscos portátil, el gato rojo de Holly y un jarrón con rosas amarillas.

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Se pone a hablar con un tipo raro que se llama Ojota. Berman le dice que Holly es una farsante, pero por otro lado no lo es porque es una farsante auténtica. Se cree toda esa mierda en la que cree. No hay modo de convencerla de lo contrario. Lo he probado de todas las maneras, hasta llorando. No hay quien la convenza de lo falsas que son esas. Cerró el puño como si tratase de estrujar lo intangible. Ideas. Pruébelo algún día.

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Pídale que le explique todas esas cosas en las que cree. Aunque dijo Esa niña me gusta. Le gusta a todo el mundo. Pero hay mucha gente que no la soporta. A mí me gusta esa niña. Me gusta de verdad porque soy una persona sensible. Hay que tener sensibilidad para poder apreciarla en lo que vale un ramalazo de poeta. Pero le diré la verdad, por mucho que se rompa la cabeza tratando de ayudarla, ella sólo le devolverá un chasco tras otro y le cuenta que él le dio una oportunidad para trabajar en una película importante, pero que ella le dejó colgado.

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El gato rojo baja de un salto de la caja de embalaje y va a frotarse contra su pierna. Berman levanta al gato sobre la puntera de su zapato y lo aleja de una patada. Se pregunta si esto es lo que quiere Holly. Una pandilla de tipos a los que no ha invitado a vivir de propinas, andar por ahí con desharrapados para poder quizá casarse con Rast y Tauler. Y entonces él le dice que no conoce a Rosetti. Trala. En ese momento aparece Holly chorreando con una toalla más o menos envuelta en torno al cuerpo y los pies goteando, dejando sus huellas en el suelo.

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Se arranca el gorro de ducha, sacude el pelo y pide que le enciendan un cigarro mientras recoge al gato y se lo monta en el hombro. El gato se instala allí tan buen equilibrista como un pájaro, con las uñas enredadas en el cabello de Holly, como si fuese un ovillo de lana. Pero es un gato sombrío con cara de pirata asesino. Tiene un ojo ciego y viscoso y el otro moteado de malicia. Holly le pide a Berman que ayude a Fred, que es un genio, y luego les pide que se llama a alguien que pase.

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Llama a una multitud.

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Durante el siguiente cuarto de hora, el apartamento fue asaltado por un montón de hombres con cara de ira a un. Despedida de soltero. Entre ellos varios tipos de uniforme. Conté dos oficiales de la Marina y un coronel de las Fuerzas Aéreas, pero les superaban en número los tipos canosos con la mili terminada hacía mucho tiempo. Aparte de la falta de juventud, no había ningún tema común entre los invitados. Parecían desconocidos entre desconocidos. De hecho, cada uno de los rostros se había esforzado en el momento de entrar por ocultar la decepción sentida al ver allí a los demás.

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Al poco rato, uno de ellos adquiere cierta notoriedad en medio del grupo.

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Es un crío de mediana edad, con michelines infantiles. La cara, un cero relleno de bonitos rasgos en miniatura, como si después de nacer se hubiera hinchado. Simplemente actúa como si fuese él quien da la fiesta. Pero su actividad está dictada por la anfitriona.

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Es Rast de Towler, un huérfano millonario y muy popular. Se ha casado y divorciado ya cuatro veces. Holly se acerca a su vecino y le cuenta su experiencia en Hollywood con O. J. Berman.

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Sabía muy bien que jamás llegaría a ser una estrella de cine. Es demasiado esfuerzo y si eres inteligente, da demasiada vergüenza. Me falta el suficiente grado de complejo de inferioridad para ser una estrella de cine. Hay que ser, según dice la gente, tremendamente narcisista. De hecho, lo esencial es no serlo en absoluto. No quiero decir que el ser rica y famosa fuera a fastidiarme.

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Esas son cosas que ocupan un lugar importante en mis planes y algún día trataré de conseguirlas. Pero si las consigo, querría seguir gustándome a mí misma.

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Quiero seguir siendo yo. Cuando una mañana, al despertar, recuerde que tengo que desayunar en Tiffany's, sigue con su gato en brazos que ni siquiera tiene nombre.

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Holly cree que no tiene ningún derecho a ponérselo. Tendrá que esperar a ser el gato de alguien. Se encontraron un día junto al río, pero ninguno de los dos le pertenece al otro.

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Ambos son independientes. De hecho, Holly no quiere poseer nada hasta que encuentre un lugar en donde estén su lugar y las cosas estén en el suyo. Todavía no está segura de dónde está ese lugar, pero sabe qué aspecto tiene. Dice que es como Tiffany's.

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Ella no se muere por las joyas. Bueno, por los diamantes, sí. Pero cree que llevar diamantes sin haber cumplido los cuarenta es una horterada. No es eso lo que le vuelve loca de Tiffany's? Es en los días en los que le viene la malea.

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Él le pregunta si la malea es la morriña na, o la morriña te viene porque has engordado o porque llueve muchos días seguidos. Te quedas triste, pero nada más. Pero la marea es horrible. Te entra miedo y te pones a sudar horrores. Pero no sabes de qué tienes miedo. Sólo que va a pasar alguna cosa mala, pero no sabes cuál. He comprobado que lo que mejor me sienta es tomar un taxi e ir a Tiffany's. Me calma de golpe ese silencio, esa atmósfera tan arrogante.

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En un sitio así no podría ocurrirte nada malo. Sería imposible en medio de todos esos hombres con los trajes tan elegantes. Y es encantador aroma, plata y billetero de cocodrilo. Si encontrase un lugar de la vida real en donde me sintiera cómo me siento en Tiffany's, me compraría unos cuantos muebles y le pondría nombre al gato.

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Entonces se acerca Rast y Towler con un martini y dice que tiene hambre y que quiere marcharse. Y Holly le regaña sin alzar la voz, pero su tono como una institutriz le provoca Arrasti un peculiar sonrojo de placer, de gratitud antes de alejarse. Él le pregunta Joly siquiera Arrasti y Joly le contesta que con buena voluntad se puede querer a cualquiera y le arrastra hacia Ojota de nuevo. Y él para ganar tiempo. Le pregunta por qué pone Viajera en su tarjeta.

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Holly le contesta que no puede adivinar dónde estará viviendo mañana y que por eso pidió que pusieran viajera. Se las hizo. Antífonas.

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Se produjo un incidente en la puerta. Era una joven que entró como un vendaval, una tempestad de fulares y tintineante oro.

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Oh, Holly dijo avanzando con un amenazador dedo en alto. Maldita acaparadora! Cómo se te ocurre coleccionar a toda esta pandilla de hombres arrebatadores?

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Superaba holgadamente el metro ochenta. Era más alta que la mayor parte de los hombres presentes. Todos ellos enderezaron la espalda, encogieron el estómago. Hubo un generalizado concurso a ver quién igualaba su tambaleante estatura. Es Mag Wildwood, que viene de hacerse unas fotos para la revista Bazar con Yunior. Así Rast y trÃiler suelta una risilla disimulada, le apretuja el brazo como si quisiera admirar su musculatura y le pregunta si le apetece una copa. Su éxito es comprensible. Es la fealdad derrotada.

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Que suele ser mucho más cautivadora que la verdadera belleza. Su éxito es consecuencia de la exageración de los defectos. Mac ha logrado transformarlos en adornos por el procedimiento de exagerar con la mayor osadía. Unos tacones realzan su estatura altísima, el cabello peinado muy tirante hacia atrás para acentuar los rasgos enjutos y magros de su cara de modelo. Incluso el tartamudeo auténtico, sin duda, pero también un poco forzado, ha sido transformado en virtud cuando se va al baño.

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Joly comenta que es muy triste y hace una pausa dramática y misterioso. Que no se le note y su aspecto sea tan saludable y que parezca estar sana. Alguien tose. Varios tragan saliva. Un oficial de la Marina que sostiene la copa de Mac la deja Mag Wildwood fue incapaz de comprender a su regreso la repentina frialdad. Las conversaciones que ella iniciaba tenían el mismo efecto que la leña verde humeaba. Pero no llegaban a aprender. Y lo que resultaba más imperdonable, incluso la gente empezaba a irse sin haberle pedido antes su número de teléfono.

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El coronel de las Fuerzas Aéreas aprovechó para levantar el campamento un momento en que ella le daba la espalda, y esto fue la gota que colmó el vaso. El militar la había invitado a cenar con él esa noche. De repente, Max se seseo y como la ginebra guarda la misma relación con el artificio que las lágrimas con el rímel, su atractivo se descompuso de forma instantánea. Comenzó a meterse con todo el mundo. Tachó a su anfitriona de degeneradas hollywoodiense.

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Retó a un cincuentón a pelear con ella. Le dijo a Berman que Hitler tenía razón y hasta logró reanimar Arrasti Trales acorralando en un rincón.

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Todos se van de casa de Holly y ella, antes de irse, le pide a Fred que meta a Mac en un taxi. Pero Mac está totalmente dormida, así que le pone una almohada debajo de la cabeza y se marcha también.

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Como señala Mariano Antolín Rato, Desayuno en Tiffany's no puede ser la mejor obra de Capote existiendo un libro tan bueno y estremecedor como A sangre fría, pero Desayuno en Tiffany's. Una novela breve, escasamente 90 páginas, contiene algunos de sus momentos más tiernos, divertidos y sobre todo a uno de los grandes personajes de Capote, la joven y seductora Joly. Su historia de fiestas absurdas, de amigos interesantes y superficiales, adquiere un tono musical que, una vez leído, jamás se olvida.

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Sus andanzas constituyen una especie de canción triste y pegadiza, en ocasiones risueña y cómica, hasta provocar las carcajadas, en otras nunca solemne en todo momento dispuestas a divertirse. Holly aparece rodeada de un aura tan frágil que parece a punto de romperse a cada frase. Una mujer muy atractiva y mundana, aunque inalcanzable.

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Mente próxima al día siguiente choca con Holly en la escalera y por su enfado deduce que Mac sigue en el apartamento a lo largo del fin de semana. Un tipo de aspecto latino llama a la puerta de Fred por error, preguntando por Miss Wildwood. Es una combinación perfecta con su tez oscura, su cuerpo de torero y un traje inglés. La colonia intensa y tímido. El domingo, Fred tiene la ventana de su cuarto abierta y oí hablar a Mac y a Holly, que se han despatarrado sobre una manta con el gato entre las dos.

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Mac se pregunta si está enamorada de José. El tipo con aspecto latino o que es brasileño y rico y quiere ser presidente de su país. El lunes, cuando bajé por el correo de la mañana, la tarjeta del buzón de Holly estaba cambiada. Miss Golightly y Miss Wildwood viajaban ahora juntas. Esto hubiese podido retener mi interés un momento más, pero había una carta en mi buzón. Era de una pequeña revista universitaria a la que había remitido un cuento.

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Les había gustado y aunque me pedían que entendiese que no podían permitirse el lujo de pagarme, tenían intención de publicarlo, publicarlo, lo cual equivalía a letra impresa. Borracho de excitación. No es una simple frase. Tenía que decírselo a alguien. Y subiendo las escaleras de dos en dos, aporrea la puerta de Holly. Holly piensa que si no le pagan no merece la pena. Pero al ver la cara de su amigo, le dice que es maravilloso y le invita a pasar.

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Su dormitorio parece un campamento a punto de ser levantado. La habitación. Eso sí, tiene una cama de matrimonio espectacular. Deja abierta la puerta del baño y charla desde allí. Le cuenta que Mac Wildwood se ha instalado allí y que no hay nada mejor que tener de compañera de piso a una chica que sea absolutamente tonta, porque entonces es facilísimo dejar que pague ella el alquiler y que vaya ella a la lavandería.

[00:25:30]

Cuando termina de vestirse, consigue un aspecto de persona mimada por la vida, serenamente inmaculado.

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Se toman sendos Manhattan en el bar de Joe Bell, pasean hasta la Quinta Avenida, en donde hay un desfile. Comen en la cafetería del parque y luego se van al lago. Pensé en el futuro y hablé del pasado porque Holly quiso saber cosas de mi infancia. Ella habló también de la suya. Pero fue un recital esquivo, sin nombre ni lugar impresionista, aunque la impresión que recibí era opuesta a la que me había esperado. Pues me hice unas descripciones casi voluptuosas de baños veraniegos, árboles navideños guapos, primos, festejos, en pocas palabras, alegre, en un sentido en que ella no lo era y en modo alguno, desde luego, el pasado de una chica que se ha fugado de su casa.

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O le pregunté. Quizá no era cierto que se había largado a vivir por su cuenta cuando sólo tenía catorce años. Se frotó la nariz.

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De pronto se acuerda de que tiene que mandarle un poco de mantequilla de cacahuete a Fred y se pasan el resto de la tarde arrancándole a diversos tenderos numerosas latas de mantequilla de cacahuete que iba muy escasa en los años de la guerra. Al volver, pasan delante de un bull word y Holly le agarra fuerte del brazo y le pide que roben algo. Se prueban unas máscaras y luego Holly le toma de la mano y simplemente salen. Así de sencillo. Una vez en la calle, corren a lo largo de varias manzanas, pero sólo para añadirle emoción.

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Aún llevan las máscaras puestas. Cuando llegan a casa, vuelven a verse más días, muchos más días, hasta que él encuentra un trabajo y sus horarios empiezan a ser incompatibles. A no ser que fuera jueves su día de xinxing o que se hubiera ido al parque para montar a caballo, cosa que hacía de vez en cuando. Holly nunca se había levantado cuando yo regresaba a casa. En ocasiones entraba en su piso y compartía su café mientras ella se vestía para la velada.

[00:27:30]

Siempre estaba a punto de salir. No todas las veces con Rast ni Towler, pero casi todas y también casi todas. En compañía de Mag Wildwood y su guapo brasileño, cuyo nombre era José Ibarra Jagger. Su madre era alemana como cuarteto. Daban una nota desafinada, sobre todo por culpa de Ibarra Jagger, que parecía tan desplazado al lado de los otros como un violín en un grupo de jazz. Era un hombre inteligente y presentable y parecía tomarse bastante en serio su trabajo, que era oscuramente oficial, vagamente importante, y le obligaba a estar en Washington varios días por semana.

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Un día él la ve entrar en la biblioteca e intrigado, la sigue. Se sienta a unas mesas de distancia y ve que está rodeada de libros.

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Todos tienen que ver con Brasil. Holly y Mac dan una fiesta por Nochebuena. Holly le pide que vaya temprano para que la ayude a adornar el árbol. Es un árbol verdaderamente enorme. Sus ramas superiores están aplastadas contra el techo y las bajas se extienden de pared a pared. Lo decoran como pueden y luego Holly le dice que en el dormitorio hay un regalo para él. Él también tiene un regalo para ella, un paquetito que lleva en el bolsillo y que le parece más pequeño incluso cuando ve en medio de la cama y envuelta con cinta roja, una maravillosa pajarera que él había visto hacía tiempo en un escaparate, pero que no pudo comprar porque era carísimo.

[00:28:57]

Holly se encoge de hombros y dice que hará unos cuantos viajes de más al tocador. Entonces reclama su regalo. Es una medalla de San Cristóbal, pero es de Tiffany's.

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Jolly no era una chica capaz de conservar nada y a estas alturas seguro que ya ha perdido la medalla, que la ha abandonado en alguna maleta o en el cajón de algún hotel. Pero yo sigo conservando la pajarera. La he transportado a Nueva Orleans, ananta quet por toda Europa, Marruecos, el Caribe. Pero casi nunca me acuerdo de que fue Holly quien me la regaló, porque hubo un día en que decidí olvidarlo. Tuvimos una tremenda pelea y entre las diversas cosas que se pusieron a dar vueltas en el ojo de nuestro huracán estuvieron la Pajarera y Ojota Berman y mi cuento, pues le di un ejemplar a Holly cuando aquella revista universitaria lo publicó Desayuno en Tiffany's es una novela sencilla, minimalista, encerrada en Holly y su sensualidad de mujer graciosa y leve.

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Todos la aman, pero también todos encarnan los límites de una sociedad que se estrella en las lentejuelas falsas de lo vanidoso y artificial capotes. Un artista de la palabra justa, de la imagen ineludible, precisa. Nos pinta un cuadro con los colores que él conoce, mostrando a Holly como la joven que no tiene pasado y que no quiere recordar. Holly es presente sin dueño, coqueteando con todos y mirando de reojo los sueños que viven en el modelo característico norteamericano.

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Holly seduce y cautiva como le gustaba hacerlo a Capote. El libro destila un glamour divertido, romántico, fresco, engalanado por situaciones que. Rozan lo cómico y emocional. A mediados de febrero, Joly se va de viaje turístico invernal con Rusty Mag y José Ibarra. Jagger Holly vuelve más negra que si se hubiese untado con yodo. El sol le ha aclarado el cabello hasta dejárselo de un blanco fantasmagórico. Se lo ha pasado muy bien. Le pide que le dé un poco de aceite en la espalda y mientras le habla de su cuento, le dice que lo ha leído dos veces y que no le dice nada.

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La mano que está extendiendo el aceite sobre la piel de Holly. Parece reaccionar por su cuenta. Parece tener ganas de alzarse para caer sobre las nalgas de Holly. Entonces ella dice que le interesan historias como Cumbres Borrascosas y él le dice que compararle con eso es una insensatez. Ella le dice que sus historias suenan como si estuvieran escribiéndolas sin saber el final y que mejor sería que ganase dinero porque tiene una imaginación bastante cara y no encontrará a mucha gente que pueda comprarle pajareras.

[00:31:36]

Doscientos mil sentirÃs de verdad. Cómo me pegas? Hace un minuto estabas a punto de hacerlo. Te lo he notado en la mano y ahora también tienes ganas.

[00:31:45]

Y lo hice brutalmente. Aún me temblaba la mano y el corazón cuando tapé el frasco de aceite solar. Pues no, no me arrepiento. Sólo siento que te hayas gastado tanto dinero conmigo. Es muy duro tener que ganárselo con Rast y Trales. Se sentó en el catre con la cara y los pechos desnudos, fríamente azulados, a la luz de la lámpara solar.

[00:32:07]

Necesitarás unos cuatro segundos para ir de aquí a la puerta. Te concedo dos.

[00:32:13]

Sube directamente a su piso, coge la pajarera y la deja delante de su puerta. A la mañana siguiente la encuentra metida en un cubo, esperando la llegada de los basureros. La rescata y vuelve a subirla a su casa, pero decide apartar totalmente a Holly de su vida y no habla con ella durante bastante tiempo. Ambos bajan la vista cuando se cruzan por la escalera. Si ella entra en el bar de Jowell, el se va entre abril y mayo.

[00:32:39]

Las cálidas noches primaverales se cargan del espantoso estruendo de los ruidos de las fiestas, el tocadiscos a todo volumen y las risas de Martini que salen del apartamento 2. No era una novedad, sino todo lo contrario, que hubiese tipos sospechosos entre los invitados de Holly. Pero un día de finales de esa primavera, al entrar en la casa, me fijé en un hombre muy provocativo que estaba examinando el buzón de Holly, un tipo de cincuenta y pocos años, facciones duras y curtidas y ojos grises tristes.

[00:33:11]

Llevaba un viejo sombrero gris con manchas de sudor y su barato traje de verano azul pálido le caía muy holgado sobre su larguirucho esqueleto. Sus zapatos marrones eran nuevos. No parecía tener intención de llamar al timbre de Holly. Se limitaba a pasar lentamente, como si leyera braille un dedo por el relieve de las letras de su nombre.

[00:33:31]

Vuelve a verle en la acera de enfrente, apoyado en un árbol y mirando las ventanas de Holly. Pero cuando sale, se da cuenta de que aquel hombre le sigue en el restaurante. Se sienta en el mostrador, justo a su lado. Huele a tabaco y a sudor. Pide un café, pero ni lo toca. Al final le dice que necesita un amigo. Saca una cartera tan gastada como sus curtidas manos, casi rota y de ella una instantánea agrietada, borrosa y frágil.

[00:34:02]

Hay siete personas en la foto amontonadas bajo el hundido porche de una espantosa casa de madera y aparte de él, que le pasa el brazo por la cintura a una chica gorda y rubia que se hace sombra con la mano sobre los ojos. Todos son niños. Ese soy yo! Dijo señalándose. Esa es ella. Dio un golpecito sobre la chica rolliza. Y ése de ahí añadió, indicando a un chico alto como un chopo y con pelo de estopa.

[00:34:32]

Su hermano Fred volvía a mirarla a ella y en efecto, ahora pude encontrar cierto parecido en brió único con Holly en la chica de gordas mejillas que quedaba bajo el sol. Justo en ese momento comprendí quién debía de ser aquel hombre. Usted es el padre de Holly. El hombre parpadeó. Frunció el ceño. No se llama Holly. Antes se llamaba Lula Mae Barnes. Antes dijo cambiando de sitio el palillo que tenía aún en la boca de casarse conmigo.

[00:35:08]

Soy su marido. Le entra una risa nerviosa y tiene que tomar un poco de agua. Se atraganta. El hombre le golpea la espalda. Le dice que hace cinco años que busca a su mujer y que su hermano Fred le dijo dónde estaba. Le dice que Lula Mae debería estar en casa con su marido y sus hijos. Eso le hace dudar porque esos niños no pueden ser suyos. Y el hombre le aclara que no los ha parido a ella.

[00:35:34]

Cuando me casé con Lula Mae ya era. 1938 diciembre, ella estaba a punto de cumplir los 14. Es posible que una persona corriente con solo catorce años no supiera lo que se hacía. Pero Lula Mae es otra cosa. Una mujer excepcional sabía muy bien lo que estaba haciendo cuando me prometió ser mi esposa y la madre de mis hijos y nos rompió el corazón a todos. Cuando se fue de aquella manera, sorbió un poco de café ya enfriado y me miró con interrogadora vehemencia.

[00:36:07]

Y ahora, muchacho? Dudas de lo que te digo? Crees que lo que te digo es cierto? Le creí. Era demasiado inverosímil para no ser cierto. Y le cuenta que fue su hija mayor la que les llevó a casa un par de billetes encerrados en la cocina, a los que había sorprendido robando leche. Eran Lula, Mae y Fred. Daban pena, les asomaban las costillas por todos lados y tenían las piernas tan canijos que no les sostenían de pie y los dientes se les movían tanto que no les servían ni para masticar un puré.

[00:36:41]

Contaron que su madre había muerto de tuberculosis, lo mismo que su papá, y que todos los hijos fueron enviados a vivir con diversas personas. A cual más mezquina. Lula Mae tuvo buenos motivos para escaparse y ninguno para irse de su casa. Era su hogar.

[00:36:58]

La noche de mi declaración lloré como un crío. Por qué lloras, Doc? Me dijo ella. Pues claro que podemos casarnos. Será mi primera boda. Me hizo reír, la verdad y la abracé y la besé. Será mi primera boda. Rió un poco y durante un momento volvió a morder el palillo. No me diga que no era una mujer feliz! Dijo en tono desafiante. Todos la mimamos, no tenía que levantar un dedo como no fuera para comerse algún pedazo de pastel.

[00:37:32]

Como no fuera para peinarse y mandar a alguien por todas las revistas debieron de entrar revistas por valor de 100 dólares en esa casa. Si quieres saber mi opinión, eso fue lo que tuvo la culpa. Tanto mirar fotos de gente ostentosa, tanto leer sueños. Eso fue lo que la empujó a dar los primeros pasos por el camino. Cada día andaba un poco más un kilómetro y volvía a casa. Dos kilómetros y volvía a casa. Un día simplemente siguió adelante y le cuenta que domesticó un cuervo para regalárselo y le enseñó a decir Lula Mae.

[00:38:07]

Cuando se fue, el cuervo se volvió loco y huyó. Y siguieron oyéndole todo el verano. En la era, en el huerto, en los bosques, el maldito pájaro se pasó todo el verano gritando Lula, mae, lula, mae!

[00:38:20]

Entonces le dice que no quiere darle una sorpresa. Nada de sustos y que por eso ha estado esperando y le pide que le diga que ha venido. Entran en el edificio y el hombre espera al pie de la escalera. Holly está sola, a punto de salir. Las zapatillas de satén blanco y grandes dosis de perfume.

[00:38:40]

Joly, sin dejarle hablar y descargando el bolso contra él, le dice que tiene demasiada prisa para hacer las paces que mejor dejan para mañana lo de fumar la pipa de la paz. Entonces él la llama Lula Mae. Ella se quita las gafas oscuras y le mira viciando y luego se lanza hacia las escaleras llamando a su hermano y diciendo que sólo ha podido ser él. Oí los pasos de Doc Golightly, que empezaba a subir los peldaños. Su cabeza se asomó por la barandilla y Holly retrocedió, no tan asustada como para refugiarse en una concha de desengaño, hasta que él llegó a su altura, avergonzado y tímido.

[00:39:19]

Caray, Lula Mae comenzó a decir, pero tuvo un momento de vacilación porque Joly le miraba con desconcierto, como si no consiguiera identificarle del todo. Vaya! Cariño añadió por fin. No te dan de comer por estos pagos. Qué blanquísima estás! Como el día en que te conocí con ojos de loca. Holly le tocó la cara. Palpó con sus dedos la realidad de su mentón, de su barba de dos días. Hola, Doc dijo Joly con amabilidad y le besó en la mejilla.

[00:39:50]

Hola, Doc. Repitió alegremente mientras él la levantaba del suelo con un abrazo capaz de estrujar las costillas. Sentados en la barra del bar de You've, el Joly le explica que no debe divorciarse porque no debía ser legal.

[00:40:05]

Ella tenía catorce años. Y le cuenta que todavía no se ha acostado, al menos para dormir por primera vez. Parece sentir necesidad de justificarse, le dice que tenía que hacerlo, que Doc la quiere de verdad y ella le quiere a él y le cuenta que es muy dulce y que inspira gran confianza a los pájaros, a los mocosos y a otras cosas frágiles.

[00:40:26]

Y que cuando alguien te da su confianza, siempre te quedas en deuda con él.

[00:40:31]

Doc está convencido de que se irá con él, pero se han dado la mano, se han abrazado y él le ha deseado buena suerte. No se enamore nunca de ninguna criatura salvaje, mister Bell, le aconsejó Joly. Esa fue la equivocación de To. Siempre se llevaba a su casa seres salvajes, halcones con el ala rota.

[00:40:52]

Otra vez trajo el lafe rojo con una pata fracturada. Pero no hay que entregarles el corazón a los seres salvajes. Cuanto más se lo entregas, más fuertes se hacen. Hasta que se sienten lo suficientemente fuertes como para huir al bosque o subirse volando a un árbol y luego a otro árbol más alto y luego al cielo.

[00:41:13]

Así terminará usted, míster Bell.

[00:41:15]

Si se entrega alguna criatura salvaje, terminará con la mirada fija en el cielo. A pesar de su rostro angelical y su aparente inexperiencia, Holly no es ni de cerca una beata que ignore el alcance que pueden tener sus acciones, tan falsa como auténtica, tan sumida en la más completa alegría como hundida en la desdicha más irreparable. La sensibilidad de la joven se va desdibujando paulatinamente durante el relato y muy a su pesar, pues Holly hace todo lo que está a su alcance para ocultarse detrás de unas enormes gafas de sol.

[00:41:51]

La elegancia y sofisticación serán su escudo frente al mundo, dado que nadie conoce también el significado de las apariencias entre la alta sociedad norteamericana del momento. Mucho se ha debatido acerca de si Holly Golightly es consciente de la aparente prostitución que ejerce durante la trama. Lo sea o no, parece tener muy claros sus objetivos en la vida, aunque de un modo u otro sus planes siempre acaben torciendo e Truman Capote. Preguntado en una entrevista en la revista Playboy acerca de la identidad de Holly, contestó que se basaba en todas aquellas jóvenes que llegaban a Nueva York, revoloteaban por la ciudad y simplemente desaparecían del mapa un día sin dejar rastro.

[00:42:33]

Unas semanas después, nuestro protagonista lee en el periódico de la mañana que Rast y trÃiler se ha vuelto a casar y es la quinta vez ve el titular cuando va en metro por Brooklyn, así que supone que Joly se ha casado con él. Pero cuando compra el periódico descubre que la novia de Rusty es Smack cuando llega a casa en el apartamento de Holly. Parece que están matando a alguien. Suena un jaleo de cristales rotos, rasgaduras y caídas y muebles volcados, pero la ausencia de gritos en medio de todo aquel ruido le da al estruendo un aspecto antinatural.

[00:43:09]

Aporrea la puerta y cesa el estruendo, pero nadie responde. En ese momento aparece en el portal José Ibarra Jagger, sudoroso y asustado, y abre con su propia llave. Le acompaña un médico. El interior del apartamento está destrozado. Por las paredes resbalan huevos crudos y en medio de los escombros, el gato sin nombre de Holly la mete a tranquilamente un charco de leche. A él le extraña que haya estallado así por Rasi y José le cuenta que cuando llegó estaban riéndose de ellos y le tiende un papel.

[00:43:43]

Es un telegrama recibida. Noticia joven Fred muerto en combate ultramar. Stop. Tu marido e hijos compartimos dolor mutuo a pérdida. Stop. Sigue Karta. Te quiero, Doc. Jolly no habló nunca más de su hermano, con una sola excepción. Es más, dejó de llamarme Fred durante junio, julio y los demás meses cálidos. Estuvo hibernando como un animal que no se hubiese enterado de que la primavera había llegado. Ya está terminado. Se le oscureció el cabello, engordó.

[00:44:16]

Comenzó a vestir desaliñada mente. Bajaba a la charcutería con el impermeable puesto directamente encima de la piel. José se mudó a su apartamento y su nombre reemplazó al de Mag Wildwood en la tarjeta del buzón. De todos modos, July se pasaba solas muchas horas porque José se quedaba en Washington tres días a la semana durante sus ausencias. Jolly no recibía visitas y apenas salía del apartamento. Como no fuera los jueves para su viaje semanal a “sin en. Pero en realidad está muy alegre, se pone a cocinar y José dice que es una maravillosa cocinera y se pone a aprender portugués.

[00:44:54]

No emplea ninguna frase que no empiece por cuando ya estemos casados o bien cuando vivamos en Río. Y eso a pesar de que José no ha hablado nunca de matrimonio. Jolly le cuenta que está embarazada de seis semanas. Dice que quiere tener nueve como mínimo y que le hubiera gustado ser virgen. Cuando José la conoció. Virgen para él. Y le cuenta que no es que se haya aliado con auténticas multitudes y que sólo ha tenido 11 amantes. Sin contar lo que pudieron haber ocurrido antes de cumplir los 13 años.

[00:45:25]

Dice que en realidad José no es su tipo ideal. Que dice mentirijillas y siempre anda preocupado por lo que pueda pensar la gente. Y se baña unas cincuenta veces al día. Es demasiado mojigato y demasiado prudente, pero se porta como un amigo y es capaz de provocarle la risa hasta incluso cuando tiene la malea. Aquellas últimas semanas, las del final del verano y el comienzo de otro otoño, aparecen borrosas en mi memoria. Quizá debido a que nuestra comprensión mutua llegó a esos maravillosos extremos en los que llegas a comunicarte más a menudo por medio del silencio que, con palabras cierta, afectuosa calma, reemplaza las tensiones, el parloteo nervioso y la persecución mutua que suelen producir los momentos más espectaculares, más superficialmente aparentes de una amistad.

[00:46:12]

En septiembre salen fotos de Joly en la primera plana de los periódicos más importantes.

[00:46:17]

Los titulares dicen Pleyel, detenida en un escándalo por narcotráfico, actriz detenida por contrabando de drogas, desarticulada una red de traficantes. La policía interroga a una joven del gran mundo por la foto.

[00:46:32]

Podría pasar por la fulana de algún gánster con las gafas oscuras, el pelo revuelto y el pitillo de marca Ãpica bikeinn. Él no sabe a quién llamar. Y finalmente se acuerda de Ojota Berman y sus muchas amistades y le llama Berman, le dice que ella se ha enterado y que ha hablado con igue. Fidel Stein, el mejor picapleitos de Nueva York, piden 10000 dólares de fianza. Pero esa noche la pasa en la cárcel. A la mañana siguiente él baja a su apartamento, se cuela por la ventana y dentro ve a un hombre que se parece a José recogiendo las cosas de José y que le entrega una carta para Joly.

[00:47:08]

Pero no tuve valor para romper la carta ni la fuerza de voluntad suficiente como para guardármela en el bolsillo. Cuando Holly preguntó en tono muy poco seguro si por casualidad me había llegado alguna noticia de José.

[00:47:21]

Esto ocurrió al cabo de dos días. Por la mañana, yo estaba sentado junto a su cama en una habitación que olía a yodo y bacinilla. Una habitación de hospital. Se encontraba allí desde la noche de su detención.

[00:47:32]

Ha perdido al bebé. Cuando ve la carta se pone a bucear y se le arquean los labios en una sonrisilla de entereza y le pide el pintalabios porque cree que para leer esta clase de cartas hay que llevar los labios pintados. José le dice en la carta que la ha amado a sabiendas de que no es como las demás, pero que un hombre de su religión y su carrera necesita otro tipo de mujer como esposa que tiene que proteger a su familia y su nombre y se despide de ella de forma cariñosa, deseándole lo mejor a ella y a su hijo.

[00:48:06]

A Holly le parece una carta muy honesta y hasta conmovedora, aunque no quiere reconocer que no comprende nada. Él le pregunta qué va a hacer Holly? Le dice que dormirá varios días seguidos y que tiene un billete de avión en el bolsillo para ir a Brasil para el sábado siguiente que José ha comprado hace tiempo. Él dice que no puede saltarse las normas de la fianza a la torera porque la encerrarán y tirarán la llave. La hora de visita ha terminado y Holly le pide, antes de que se vaya, que le consiga una lista de los 50 hombres más ricos de Brasil.

[00:48:42]

La noche del viernes el cielo estaba rojo, tronaba y el sábado, fecha de la partida, la ciudad entera se sobraba bajo una verdadera tempestad marina. No hubiera sido de extrañar que apareciesen tiburones nadando por el cielo, pero parecía improbable que ningún avión consiguiera atravesarlo. Pero Joly, haciendo caso omiso de mi animado convencimiento de que el vuelo no despegará. Siguió haciendo sus preparativos. Aunque debo añadir que la mayor parte de esa carga la hizo recaer sobre mis hombros porque había decidido que no sería prudente de su parte acercarse siquiera al edificio de piedra arenisca.

[00:49:21]

Él se encarga de recoger todo lo que ella le ha pedido.

[00:49:24]

Incluido el gato y la medalla de San Cristóbal. Quedan en el bar de Jowell. De pronto, delante del bar, frenà una limusina con chófer. Lo ha alquilado Joe para que la lleve al aeropuerto dentro del coche.

[00:49:38]

Holly se quita la ropa de montar a caballo y logra ponerse con no pocas contorsiones. Un ajustado vestido negro de repente le ordena al chófer que pare. Están en una calle del Harlem Latino, un barrio salvaje, chillón, triste. Holly baja del coche llevándose consigo al gato, le rasca la cabeza y le dice que es un lugar adecuado para alguien tan duro como él. Cubos de basura, ratas a porrillo, montones de gatos con los que formar pandillas.

[00:50:06]

Así que le deja caer al suelo. Y como él se niega a alejarse y prefiere permanecer allí, vuelto hacia ella, interrogándole con sus amarillentos ojos de pirata. Holly da una patada en el suelo. Entra en el coche de un salto y cierra de un portazo.

[00:50:21]

Avanzan un par de manzanas y se detienen en un semáforo. Entonces ella abre de golpe la puerta y se pone a correr calle abajo. Pero el gato ya no está en la esquina donde le han dejado.

[00:50:33]

Joder. Éramos el uno del otro. Era mío.

[00:50:37]

Le dije que yo volvería a buscarlo. Y cuidaré de él. Te lo prometo. Ella sonrió. Aquella nueva sonrisa, apenas una mueca, silla desprovista de alegría.

[00:50:49]

Pero, y yo? Dijo, susurró y volvió a estremecerse.

[00:50:53]

Tengo mucho miedo, chico. Sí. Por fin. Qué? Eso podría seguir así eternamente? Eso del no saber que una cosa es tuya hasta que la tiras. La malea no es nada. Eso otro. Eso sí, tengo la boca tan reseca que sería incapaz de escupir, aunque me fuera en ello la vida.

[00:51:13]

Subió al coche. Se hundió en el asiento. Desculpa, el chofer. Vámonos.

[00:51:20]

La prensa informó de la desaparición de la chica de Tomato y después publicó que había aparecido en el río la pista de la actriz desaparecida. Salí. Tomato murió esa Navidad de un ataque cardíaco en Shenzhen, pero en primavera llegó una postal.

[00:51:38]

Brasil resultó bestial, pero Buenos Aires es aún mejor.

[00:51:42]

No, Estefanía, pero casi tengo pegado a la cadera a un señor. Divino amor? Creo que sí. En fin, busco algún lugar a donde irme a vivir. El señor tiene esposa y siete mocosas y te daré la dirección en cuanto la sepa. Mil Andrés.

[00:52:02]

Pero nunca le envió su dirección. Él tenía muchas cosas que contarle. Vendió dos cuentos. Los trÃiler presentaron sendas demandas de divorcio.

[00:52:13]

Pero sobretodo quería hablarle de su gato. Había cumplido mi promesa. Le había encontrado. Me costó semanas de rondar a la salida del trabajo por todas aquellas calles del Harlem latino y hubo muchas falsas alarmas, destellos de pelaje atigrado que, una vez inspeccionados detenidamente, no eran suyos. Pero un día, una fría tarde soleada de invierno, apareció flanqueado de macetas con flores y enmarcado por limpios visillos de encaje. Le encontré sentado en la ventana de una habitación de aspecto caldeado.

[00:52:49]

Me pregunté cuál era su nombre. Porque seguro que ahora ya lo tenía. Seguro que había llegado a un sitio que podía considerar como su casa. Y sea lo que sea, tanto si se trata de una choza africana como de cualquier otra cosa. Confío en que también olí la. Y así les hemos contado Desayuno en Tiffany's de Truman Capote. Hemos seguido la edición de Anagrama con traducción de Enrique Murillo. La semana que viene nos volvemos a encontrar con la buena letra de Rafael Chirbes.

[00:53:29]

Gracias por estar ahí. Y gracias por leer un libro. Una hora en la cadena Ser, un programa escrito y dirigido por Antonio Martínez Asensio con las voces Dejará Luna y de Eugenio Varona y la participación de Olga Hernán Gómez. Realización de Mariano Revilla. Edición y montaje de sonido de Pablo Arévalo.