Happy Scribe
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En la ventana acontece que no es poco un relato personal de la historia con Nieves, con Constriña Cadena Ser. Mira, Nieves, quien tararea la música, hoy ha vuelto Roberto. Ahí le tienes. Mira, el primer día que nos encontramos los tres tenemos que cantarla a distancia de seguridad. La que tenemos que hacer es ponerle letra a esto. Oye, mira, José, con lo bonito que es así. Bueno, no, no digo yo que va a hacer algo.

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Llamamos a Raúl Pérez, podría hacer o Marta Sánchez. Sí, yo había pensado en ello. Son dos escuelas y yo había pensado que no puede ser. Sheyla también. También podría hablar de estas cosas maravillosas. Bueno, hoy Sara Socas también. Qué bien. Bueno, yo me imagino a Sara Sokar rapeando por Boquería. Iniciativa. Vale, vale. Y si hacemos versiones de la conteste, que no es poco una instrumental a capela, que somos nosotros.

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Sara Socas versión rap y Sheila Blanco como es como le da la gana. Yo creo que esto suena bien, hasta el reguetón.

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Cómo estaba Ra's el clavo en la pelea? Agradecerlos, a veces es bueno a lo nuestro y fuera de la película nuestros, vamos. Lo has visto últimamente? Hoy no, últimamente no está gordito.

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Si sigue, está redon hombre para hacer, para hacer la serie de la de la de la voz, la de la voz más alta o algo así. La bomba y nefasta en ese caso, porque era nefanda el de la Fox, el de las voces. Tuvo que engordar mucho, mucho. Yo ya venía un poco, pero me daba igual. Dejemos eso. Va fábrica hoy nuestro Jujol o nuestro diario por la historia sirve para reivindicar una vez más la importancia de la ciencia, de la ciencia, ahora que estábamos en pleno follón y hacerles caso.

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Pero hacerlo además con datos, con cifras que demuestran que investigar no es un gasto, sino una inversión y que hay que hacerle caso a los científicos. Digo inversión porque el retorno puede contarse, como es el caso de hoy, en el ahorro no sólo de dinero de millones y millones de vidas. Hoy, además, proponemos una curiosa competición de palabras, a ver qué os parece. Serendipia y penicilina. Bueno, en realidad no compiten. En este caso están íntimamente relacionadas.

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Muy, muy, muy, muy relacionadas. Pero bueno, ya lo has dicho. Está muy de moda. Hasta que esté sin ciencia no hay futuro. Y así es. Y podríamos añadir que no hay más dios que la ciencia. Y Alexander Fleming es su profeta. Al menos uno de sus profetas. Lo demás, tonterías que no curan. Hoy la cosa va de penicilina. Efectivamente, el primer antibiótico utilizado de forma masiva que salvó millones y millones de vidas no fue el hallazgo.

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Dicen los que saben. Dicen que fue el hallazgo más extraordinario del siglo XX, la primera sustancia que demostró ser capaz de mantener a raya a las bacterias dentro del organismo, a las malas, porque las buenas también tenemos ahí y su munición y nos hacen mucho bien. El descubrimiento de la penicilina fue una serendipia dalit sí, sí que es bueno, pues viene a ser un hallazgo casual, pero que solo los listos pueden detectar. No, no es tan fácil.

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No es una palabra muy simple. Me encanta. También hay una serendipia. Me encanta. Bueno, pues la penicilina nos da la excusa hoy para hablar de antibióticos y de serendipias. La historia que culminó hoy 28 de septiembre de 1928 y que se ha convertido en una de las serendipias más famosas, sino la que más en realidad tuvo su punto de partida. Pues un mes antes, a mediados de agosto de aquel año de 1928, el bacterio logo escocés Alexander Fleming, harto de ver la cara solo de los microbios que creaba en su laboratorio.

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Pues el hombre se tomó unas vacaciones y cuando unos días después regresó a sus probetas y a sus placas de Petri, esos cristalitos redon. Así pues, descubrió que no hay nada como un buen descanso para volver. Y con la mente despejada lo ves todo. El tío en su ausencia. Resulta que un hongo que se empadronada en el laboratorio de Fleming sin pedir permiso a nadie. El hongo que dio lugar a la penicilina había seguido trabajando mientras el científico estaba de vacaciones.

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Y ahí le estaba esperando y le dijo Alex, me llamo Penicilina. Nota. Llevo unos días aquí cólico cargándome a tus bacterias y tú no lo sabes, pero acabo de conseguirte el Premio Nobel de Medicina.

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Tema.

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Bien, pues es verdad que ese hongo ha salvado millones y millones de vidas, pero porque fue Fleming el que lo encontró. Eso hay que explicarlo. Si me lo encuentro yo y lo tiras y como yo lo golpee, digamos Gasco, van a la papelera, a la placa de Petri, el MOH y con el moho hubiera ido a la basura la salvación de millones de vidas y hubiera sido una genocida sin saberlo prácticamente. Yo hubiera visto lo mismo que veo cuando nos ha pasado a todos, cuando se te queda al fondo de la nevera durante un mes un bote de tomate frito medio abierto.

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Si que es que cuando vas a poner una capa verde morsa? Bueno, pues dirás cuando. Efectivamente eso es lo que vio Alexander Fleming, una capa verde de moh, pero él supo ver lo que estaba viendo. Por eso es una de las más famosas serendipias. Luego, otro día contamos cómo nació esa palabra que tiene una historia muy bonita. Sí, muy bonica. Mónica Nosotros la hemos pillado hace muy poco del inglés Serendipity y además entró en nuestro diccionario en 2014.

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Bueno, pues a Fleming le pasó lo siguiente que cuando se fue de vacaciones en agosto dejó en su laboratorio del hospital en Méri de Londres, unos cultivos de bacterias de estafilococos áureos o dorados que dicen no 1 bichillo por muy comunes. Casi a casi todos los tenemos, los hemos tenido. Unos dicen que Fleming se dejó el cultivo sin querer. Vale que no limpió el laboratorio antes de irse. No sé si lo están llamando guarro al hombre o no, y cuando volvió se encontró que en la placa los estafilococos estaban agotados.

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Hipot por un mover de tomate frito. No es un hongo que iba acorralando y cargándose a las bacterias. Eso aparentemente era un fallo en el laboratorio, porque la placa de Petri donde estaba el cultivo se había contaminado, amainado sin querer. Bueno, menos mal que pasó que pasó el vino y no la señora de la limpieza o un becario aseado, por ejemplo. Oye, pero Nives, el Fleming se percató enseguida de lo que de lo que estaba viendo, de lo que había descubierto o tardó un poquito en darse cuenta hasta donde he leído, pues fijarse.

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Se fijó enseguida que Cambre, que a ojo de buen Bacterio, luego notó que eso era algo importante, pero hasta porque eso fue al principio de septiembre, pero hasta aquel 28 de septiembre no fue del todo consciente y él siempre, además es que siempre lo decía. Yo no intentaba descubrir la penicilina, me tropecé con ella y en verdad Fleming se dio de bruces con ese mover de y le puso nombre a al asesino de estafilococos. Penicilina? No tanto.

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Y a partir de ahí continuó investigando lo que ya llevaba además años investigando en lo que no fuera hoy de repente, porque la obsesión de Alexander Fleming era dar con alguna sustancia bacteriana para combatir las infecciones. Pero aún le quedaban 10 años por delante de estudio de muchísimo trabajo, porque ese hongo ésimo había que pulirlo y había que seguir observándolo y hacerlo útil a los humanos. Había que concentrarlo, purificarlo. Vamos, lo que viene a ser fabricar un antibiótico.

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Ya hasta ese momento, 28 de septiembre de 1928.

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No había nada para luchar contra las infecciones, si no a ver por la distancia social, lavarse mucho las manos y gían es un buen sistema de saneamiento en calles y casas. Pero no, no había ningún medicamento. Bueno, en realidad los alemanes tenían uno. Tenían un antibiótico sintético que habían fabricado en el laboratorio a las famosas subfamilias. Pero bueno, al parecer las tenían en exclusiva, porque ya se sabe que a veces, no siempre, pero muchas veces a solidarios no les gana nadie.

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Los alemanes las tenían para ellos y para su cuerpo serrano, nada más. Las subfamilias eran un antibiótico más o menos efectivo, pero sólo para ellos y ellos nos estaban preparando otra guerra mundial. Te recuerdo, recuerdo la segunda. Así que hubo que cuando esto se dio cuenta el resto del mundo hubo que meter el turbo para desarrollar la penicilina. Así fue como se sumaron al desarrollo de este antibiótico otros dos grandes Bacterio Logos, que fue el judío alemán R.

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Stein, que por supuesto tuvo que salir de Alemania por la cosa de ser judío y el australiano Walter Flory unieron fuerzas con Alexander Fleming. Metieron el turbo entre los tres y consiguieron en Oxford. Mira donde están buscando la vacuna también. Ahora si consiguieron la penicilina, que funcionaba como un tiro contra las infecciones, pero como un tiro. Así que fijaros, al principio, cuando Fleming empezó a trabajar con aquel mover de y como la envidia es muy mala, algunos colegas le dieron unas palmaditas en la espalda.

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Dijo Muy bien, muy bien para curar un par de infecciones. Esto está guay. Pues no, porque años después, en 1945, las palmaditas se las dio el rey de Suecia cuando le entregó el Nobel de Fisiología y Medicina junto a sus dos colegas. La penicilina ha salvado miles, millones de vidas en la Segunda Guerra Mundial y aún hoy, por supuesto, las sigue salvando. De ahí que fuera, en las afueras de la plaza de toros de Las Ventas, haya un monumento que los toreros le dedicaron a Fleming.

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No morían más, se morían más de infecciones que de cornadas, morían mucho más. Y eso que los toreros encomiendan sólo a vírgenes llorosas y sangrantes antes de salir. Pero luego les salva la penicilina, no las vírgenes y los Cristos ni aparecen. También te digo que si dejaran de matar toros dejarían de llevarse cornadas. Y tardó mucho en llegar aquí a España.

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La penicilina, más que tardar, llegaba con cuentagotas a los pobres. A los demás les llegaba a los pobres. Se siguieron muriendo durante muchos años y si es que llegaba, les llegaba más fácilmente a los Cayetano y a los encarcelarlos que podían comprar la penicilina en el mercado negro. En el famoso bar Chicote que tenemos aquí al lado, en la Gran Vía, se trapichear con penicilina y penicilina. Quedaba daba gusto allí se trapichear con opio y con medias de nailon las señoras y con tabaco rubio.

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No de el estraperlo era estraperlo fino. En Chicote compró la penicilina. Esta es una historia muy conocida. Concha Piquer. Eso dicen. Concha Piquer la consiguió ahí. En fin, que las estatuas hay que hacérselas a gente como ésta, como a Fleming. Así nadie las quiere derribar nunca. Menos Reye, menos militares. Menos héroes de pacotilla. Más ciencia, por favor. Más serendipias.

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Yo ya sé que has dicho que otro día comentaras más serendipias, pero es que yo me estoy acordando de algún ejemplo famoso, además de la penicilina, no que yo recuerde. No sé tú, Roberto, sí que el cacho, el velcro y el microondas, por ejemplo, el microondas, un ingeniero de la NASA. He estado haciendo una cosa con unos aparatos y veía que chocolatinas se derretían en el bolsillo. Entonces así inventaron el microondas.

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Lo de la serendipia, la insulina también fue una serendipia.

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La viagra, la viagra viagra de la pasta de dientes. Eso sí. Y hasta el principio de Arquímedes parece que fue producto de una de una serendipia. Y bueno, no vamos a pasar. Da penilla pasar por encima de esto. Pero buenas, no lo hacemos. Otro día con calma. Otro. Otro día. Pero bueno, es importante saber que, por ejemplo, la serendipia sólo sabe verlo quien sabe verlo. No es lo mismo que Newton vea caer la manzana, que lo vea caer.

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Pepe Pepe López Con todo respeto a veces y con todos los respetos, aunque lo de la manzana sea una leyenda urbana, ya contaremos además de donde viene la palabra serendipia, de los de un cuento muy bonito. Se llaman los tres príncipes de serendipia Serendipity, donde vienen de Ceilán, Sri Lanka. Todo está conectado, todo está conectado. Esta mañana, Nieves, adiós.

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Esta mañana. La ventana con Carles Francino.